LUIS ARRONTE
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¿Solo Ida, no hay vuelta? Sí o no, quién sabe. Lo interesante de los viajes, musical en este caso, es no saber si vas a volver, ni cuándo, ni cómo. El objetivo es haber cambiado al final del mismo, como en las películas bien planteadas. Si cierro el billete de vuelta no hay sorpresas. Entonces no sería un viajero, sería un turista. Madrileño de origen decides buscar tu sitio en el reino de Granada. ¿Por qué decidiste emprender el viaje hacia tierras lorquianas? Ya vivía en Málaga cuando me fui a vivir al Albaicín. Fue por mera conveniencia laboral. Me ofrecieron un puesto como redactor de cultura en La Opinión de Granada. Aquí sigo. Me atraía mucho la ciudad, su historia y su carácter. Aunque aún conserva la parte rancia (burguesía provinciana y dominante, los grandes apellidos, las clases intocables) tiene una personalidad infinita, a veces enrevesada. Lorca y la Alhambra sólo son dos motivos para visitar Granada, hay muchos más. Solo Ida (El ejercito Rojo 2007) es un disco bastante melancólico y aprovechas el género folk americano para moldear tus canciones. ¿Qué aprendiste del Folk que no aprendiste de otros estilos? Las ideas emocionantes, la paz tensa, la desvinculación de la tecnología... Yo qué sé. Me gusta mucho pensar que con canciones de este tipo basta una guitarra y un poco de silencio. Otros estilos por los que he pasado me ofrecieron adrenalina, experimentación, etc. Aquí puedo hacer canciones que viven por sí mismas. Hemos escuchado La cuesta de enero, El Perro de Paulov y Podría ser peor incluidas en este disco de presentación. Concluimos nuestra audición admirando tu cálida voz y las dulces melodías de guitarra que acompañan las letras de estas significativas canciones. ¿Siempre te has sentido seducido por melodías ensoñadoras? Huy, gracias. Si una canción se puede reducir a una melodía única y bonita, una especie de politono pero en abstracto, es que la canción es buena. Ésa es mi teoría, por lo menos. Supongo que las canciones que más me han marcado han sido esas que podía silbar o ‘parapapear’ al salir de casa. Pero es difícil hacer primero la melodía y después la letra. Son dos cosas que se van construyendo casi al mismo tiempo. Es extraño de explicar. Todas las canciones de tu disco hablan de cosas del día a día, de sueños comunes y de mal entendidos que rozan lo personal. Un disco de experiencias dentro de un mundo tangible... La experiencia real puede significar la autenticidad a la hora de escribir una historia, en el formato que sea. Pero creo más en la veracidad que en la realidad. No hay que contarlo todo como fue, ni siquiera hay que contar lo que fue. Se puede exagerar, se puede reinventar. Uno no se da cuenta de lo personal que es una letra hasta que alguien se acerca y te dice: “Te he pillado”. Entonces te da vergüenza y desearías haber sido más críptico. En este sentido me parece que hacer canciones se puede parecer bastante a hacer una fotografía. Puedes variar el ángulo, enfocar o desenfocar, ampliar o hacer un detalle, y conseguir que cada uno entienda una cosa distinta. Grabar en el contexto de El Refugio Antiaéreo y encontrarme con estas colaboraciones ha sido un lujo inesperado. Se prestaron con mucho cariño y se lo agradeceré siempre. De alguna forma, al ser músicos a los que admiro mucho, siento algo de presión, no les quiero defraudar, tengo que dar la cara. Imagínate, es como dar tu primera fiesta y tener invitados de esa talla. Espero poder devolverles el favor algún día. Solo ida es grabado en el Refugio Antiaéreo por Pablo Sánchez (lo conocemos por su trayectoria con los Planetas) y producido por Manuel Ferrón (Grupo de expertos Sol y Nieve) y por ti mismo. Cuéntanos tu experiencia como productor y tu relación con Pablo y Manuel. El puesto de ‘productor’ está un poco confuso en algunas grabaciones. En este caso suponía tomar decisiones en las mezclas y masterizaciones con Pablo, algunas grabaciones extra, etc. No puedo compararlo con tener un productor contratado, ajeno a ti, que decide ese tipo de cosas, porque no he vivido esa experiencia. Tenía claro el sonido que quería en el disco, y Pablo me entendió a la perfección. Todo crudo, directo, presente, pocos efectos, con mucha acústica. Para esa idea ayudaba mucho que El Refugio Antiaéreo fuera analógico. ¿Qué sensación te produce formar parte del sello de los Planetas, El ejército Rojo? ¿Cómo contactaste con ellos? Contacté con ellos por trabajo, les tenía que entrevistar a menudo. También coincidíamos en los mismos bares y teníamos gustos comunes. Yo tocaba en pubs, salas, fiestas, teloneaba a otros artistas, y cuando tuve una banda de músicos y la cosa empezó a complicarse me propusieron grabar. Es un sello humilde, pequeño, pero no puedes evitar sentirte parte de una elite: el nombre ‘Planetas’ abre muchas orejas. No se me ocurre ninguna otra banda independiente que lleve quince años en la brecha; hay mucho que aprender de ellos. Para los que todavía no te conocen, podríamos señalar que tus influencias inmediatas son Wilco, Nick Drake o Cat power. Te has puesto un listón muy alto... Mucho, lo sé. Pero es la música que me gusta, esos y otros tantos artistas. Por supuesto que me quedan lejos. Son mis referentes, mis ideales, no juego en su liga –ni mucho menos–. Pero a la hora de dejarme influenciar, prefiero que lo hagan maestros a los que el tiempo ha dado la razón y no otros que acaban de salir, como yo. TEST INDYPENDIENTES Granada o Madrid? Granada. Lo siento.
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